El viaje de una PC entre las dos orillas de la brecha digital

equidad cartocorPrimera vida: la casa de Sofía

La computadora -una Dell Inspiron 1525- llegó a la casa de Sofía la mañana después de su fiesta de egresados del colegio. Su papá le había comprado la computadora con su tarjeta de crédito. Era el regalo de su cumpleaños número 18.

En la casa de Sofía ya había una computadora, pero esta iba a ser sólo para ella, y no iba a tener que turnarse con sus hermanas para usarla. Esa había sido la lógica desde 1995, cuando llegó por primera vez una PC a la casa de los Jawitz. En esa primera IBM había jugado por primera vez al Duke Nukem, había hecho dibujos infantiles en el Paint y había escrito cuentos para el colegio en una versión hoy arcaica del Microsoft Word.

 

A lo largo de los años, su casa en Olivos, en la zona norte del conurbano bonaerense, fue testigo del avance de la tecnología. Por caso, cuando Sofía tenía 13 años, el ruido de la conexión dial-up de Internet fue reemplazado por el silencio absoluto de la banda ancha. Ahí vinieron MSN, Fotolog, Wikipedia y otros hitos de la historia sobre cómo, para algunos, Internet moldeó nuestra manera de relacionarnos con los demás y con el mundo.


Toda esa historia personal pero colectiva llegaba a un nuevo clímax ahí, en el living de su casa, cuando Sofía terminaba de sacar de la caja de cartón su primera computadora portátil, ya no personal sino personalísima. Y roja: Sofía había elegido ese color de un catálogo en el sitio web de Dell.


La historia de Sofía con la tecnología es colectiva, pero no universal: es un reflejo de la relación de las clases media y alta con el acceso a la información y la tecnología que lo permite. En 2017, por ejemplo, según datos del Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA), el 99,4 % de la población perteneciente a los estratos altos y el 89,6 de los sectores medios usó Internet. En los estratos bajos, ese número se reduce al 54,2 %. La conectividad también varía según la edad (el 97% de los menores de 29 se conectan a Internet, frente al 34% de los mayores de 65, también de acuerdo al SInCA) y la zona geográfica (de más de 50% de hogares conectados a banda ancha fija en jurisdicciones como Capital Federal y Córdoba se pasa a menos del 30% en Formosa y Río Negro, por ejemplo).


Y más allá de la posibilidad de acceso a Internet, a un celular o a una computadora, nuestra competencia a la hora de darles uso también es distinta. De acuerdo al informe Compás Millennial. La generación Y en la era de la integración 4.0, producido por el Banco Interamericano de Desarrollo, la carencia de todo tipo de habilidad tecnológica/informática asciende a 21% entre los jóvenes de sectores bajos, contra 14% de los de clase media y apenas el 1% de los estratos altos.


Esas diferencias cualitativas entre el acceso a la tecnología según el nivel socioeconómico, que se expresan en una hoja de cálculos en Excel, en una estadística, reciben el nombre de "brecha digital" y tienen consecuencias cualitativas, que se expresan en cosas como la capacidad de acceder a un trabajo formal. En los diez años que pasaron desde la mañana en la que sacó de la caja de cartón la Dell Inspiron 1525 hasta hoy, Sofía usó su laptop roja para todos los trabajos prácticos de la carrera de Recursos Humanos.


También fue la computadora que usó para armar su primer CV, que le consiguió una pasantía en una consultora, que después se convertiría en un trabajo de tiempo completo. Y fue lo primero que mudó cuando se mudó sola por primera vez, a un departamento alquilado en Belgrano. La primera noche, la apoyó sobre el piso recién plastificado, todavía sin muebles, y miró una película descargada de manera ilegal mientras comía papas fritas directo del paquete. Fue tres meses después de esa mudanza cuando la Dell roja fue a parar al fondo de un placard, reemplazada por una Macbook Air de 13 pulgadas, también un regalo de sus padres.


Ahí quedó hasta mayo de 2018, cuando ante una nueva mudanza Sofía tuvo que decidir, una vez más, qué destino darle a esa computadora, que ya le parecía obsoleta. Ahora sabe que ese adjetivo, que sirve para describir a algo que ha quedado anticuado, que ya no se usa, es relativo.

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Segunda vida: el taller de reciclaje

En el galpón de San Telmo que ocupa el taller de la Fundación Equidad, dedicado a transformar computadoras en desuso en equipos listos para ser donados a escuelas y organizaciones, con el objetivo de reducir la brecha digital y mitigar el impacto ambiental de los residuos electrónicos, las computadoras siguen un recorrido fordista. El primer paso, cuando la fundación recibe una donación, es el de descarga y clasificación de los componentes de las donaciones que llegan.


A ese primer paso es sometida la computadora de Sofía, que a través de una compañera de trabajo se enteró de que existía un lugar donde podía llevar su computadora y salvarla del destino de convertirse en basura tecnológica. "Uf, te aseguro que está por encima de nuestra línea de base", dice ahora Leonardo Córdoba, jefe del taller, cuando abre la funda en la que vino envuelta la computadora, a primera vista, aún antes de prenderla y confirmarlo, y mientras pasa el dedo por el sticker apenas despegado a un costado del mousepad, donde todavía se alcanza a leer "Dual Core, Pentium".


A las computadoras que estén por debajo de la línea de base que la fundación determina para poder reciclarlas, les espera un final distinto. Equidad las enviará a un centro de residuos peligrosos, donde serán reducidas a sus componentes, alejados de la funcionalidad que los unió. El teclado ya no será un teclado y la placa madre ya no será una placa madre: serán materia susceptible a ser reciclada a través de distintos procesos.


Las computadoras que están por encima de la línea de base pasan al segundo tramo del recorrido. Se evalúa de manera más detallista la calidad y el estado de sus componentes. Una computadora puede seguir siendo eso, solo una computadora, o puede unirse en otras en una especie de Frankestein. A veces, se necesitan cinco ejemplares para crear uno solo.

"Todo lo que ves acá, -dice Leonardo, señalando una montaña de alrededor de cinco mil máquinas- es de línea de base. Son equipos listos para hacerles limpieza con un compresor, ponerles memoria, otro disco o lo que necesiten e instalarles sistema operativo". Ese proceso sucede en el escritorio de Alejandro Pachi, un técnico que ensambla, en promedio, 15 máquinas por día. Cada una de ellas es embalada junto a un mouse, monitor, teclado y un pack de cables.


Equidad fue fundada en 2001, es presidida por la ex legisladora María Eugenia Estenssoro y, además de reciclar y donar computadoras, ofrece talleres de informática para promover la inclusión social de jóvenes, adultos y adultos mayores. Hoy en día, dona entre 200 y 300 equipos por mes. Para poder producir esa cantidad, tienen que haberles llegado entre 1000 y 1200. Casi la totalidad de esas donaciones llegan desde empresas, que reemplazan de un tirón toda una flota. En la jungla de monitores, CPUs y cables que es el taller de San Telmo, el porcentaje de donaciones particulares, como la de Sofía, es residual: llegan alrededor de 10 unidades cada mes.


La imagen de miles de computadoras juntas -amontonadas como telas en un local en el Once- hace pensar que todo eso que una tiene frente a sus ojos podría ser basura. De acuerdo al último Informe sobre Basura Electrónica de la Universidad de las Naciones Unidas, Argentina es el tercer país que más residuos de ese tipo -que son muy contaminantes- genera en América Latina, que produce en total más de cuatro toneladas cada año, con una media de 7,1 kilos de basura electrónica por habitante.


El último piso del taller de Fundación Equidad es ocupado por las laptops. La paleta de colores de ese arsenal dormido, lleno de potencial, es gris y negro. El único elemento que le agrega una nota de color distinta es la Dell Inspiron de Sofía, roja.

 

Tercera vida: al servicio de los que la necesitan

Hace tres años, la fundación Muy Simple recibió una primera donación de computadoras recicladas en el taller de Equidad. Desde 2010 funcionaban dando talleres gratuitos de oficios como manicuría, peluquería, cocina, pastelería, depilación y herrería, entre otros. La donación de 10 equipos les permitió agregar talleres de computación. Hoy, en un pasillo de la sede de la organización, ubicada en el barrio de Saavedra, hay un mosaico de carteles que anuncian más cursos por venir: Correo Electrónico, Ventas por Internet, Página Web, Cursos por Internet.

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"A los talleres de oficios vienen muchas mujeres que tienen varios hijos, son jefas de hogar y no están en condiciones de pagarle a alguien para que se quede con los chicos. En muchos casos, no pueden tener un trabajo en relación de dependencia que les tome ocho horas diarias fuera de sus casas. Por eso nuestro énfasis está puesto en oficios que pueden realizarse de manera independiente. Los talleres de computación están orientados a darles herramientas para que puedan promocionar sus productos y servicios en las redes sociales", explica Úrsula Carle, una de las voluntarias fundadoras de Muy Simple.


Entre los alumnos de oficios de la fundación, que en este momento son 120, pero han llegado a ser 500 por año, hay vecinos del barrio Mitre, situado en las inmediaciones del centro comercial DOT, en la ciudad de Buenos Aires.


Los alumnos de Muy Simple se capacitan con las máquinas donadas. Muchas alumnas son chicas de hogares de menores de la zona, así es que en los talleres de computación conviven alumnos de edades muy distintas. Algunos de los mayores que asisten nunca tuvieron acceso a ninguna de las aristas del mundo digital y aprenden desde cómo prender una computadora hasta cómo mandar un mail, hacer un trámite y hablar a través de Facebook con un familiar que vive lejos. De acuerdo a la encuesta de consumos culturales de SInCA, si bien la penetración del uso de Internet por parte de los adultos mayores sigue siendo baja (34% de los mayores de 65 años lo usó en el último año), subió un 18% desde la edición anterior de la encuesta, en 2013. El motivo que más esgrime ese 66% que todavía no usa Internet es que todavía no aprendió cómo hacerlo.


Las alumnas más jóvenes, en cambio, ya llegan con algún conocimiento, pero más vinculado al entretenimiento y las relaciones sociales que a lo laboral. Las estadísticas provistas por el Banco Interamericano de Desarrollo confirman esto último. "Si bien los jóvenes de todos los sectores sociales han internalizado y utilizan diariamente las tecnologías de información y comunicaciones -como la telefonía móvil, Internet y redes sociales-, limitan en su mayoría su función como herramientas de socialización y entretenimiento", dice el informe. El 20 % de jóvenes que sí utiliza la tecnología para comprar, estudiar, trabajar e informarse está compuesto, principalmente, por millennials de nivel socioeconómico alto y medio alto, y de sexo masculino.


Hoy, Muy Simple está cursando un nuevo pedido de equipos a Fundación Equidad. Aunque reciben la visita periódica de un vecino del barrio que es técnico en computación y las mantiene, las computadoras que resultaron de la donación inicial ya no funcionan bien. Además de ser útiles para los cursos de computación, están disponibles para que alumnos de todos los talleres las utilicen cuando las necesiten. Quizás, en la nueva donación, desde el taller de reciclaje de San Telmo, entre computadoras negras y grises, viaje a Saavedra una Dell Inspiron 1525 modelo 2007 roja.

 

Fundación Equidad agradece a RedAcción por la realización de esta nota. 

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